MONTSERRAT FIJOL: “ESTA SOCIEDAD HA EXTRAVIADO EL DON DE REUNIRSE ALREDEDOR DE LA PALABRA”

21 oct 2011

Las narradoras del grupo Cuenteros de la luna llena, Montserrat Fijol y Pilar Pérez, protagonizan el viernes, día 21 de octubre, a las 17.45 horas, la sesión La hora del cuento, una iniciativa que la Biblioteca Insular desarrolla desde el año 1992 con la finalidad de fomentar la lectura y su comprensión entre los usuarios más pequeños. Un millar de narradores han desfilado desde entonces por esta propuesta lúdica-didáctica que tiene lugar en la Sala Infantil de la mencionada biblioteca que gestiona el Cabildo grancanario.

Fijol, que por tercera vez participa en La hora del cuento, se considera canaria pero nació en Barcelona. La periodista, poeta y bloguera, escribe sus propios textos que luego cuenta en forma de historias para todo tipo de públicos. Fijol contará durante su intervención dos cuentos de bichos, como ella misma los define, El hada y la mariposa búho y El dragón y los escarabajos, con la finalidad de que los más pequeños olviden las inesperadas visitas nocturnas de los seres indeseables que pueblan sus inocentes sueños. El día 21 estará acompañada de la maestra de Expresión Global, Pilar Pérez Hidalgo, que contará  por su parte los titulados La habitación y La cámara oscura.

La próxima sesión de La hora del cuento tendrá lugar el día 28 de octubre (17.45 horas) con Pep Bruno como narrador. El escritor y cuentista natural de Guadalajara, es un asiduo del Maratón de Cuentos que impulsa la Biblioteca Insular, y uno de los narradores más solicitados del circuito nacional desde hace dieciocho años.

Pep Bruno confiesa que muy pocas veces sabe lo que contará hasta tener ante sí al público que asiste a sus sesiones. El narrador opina que a estas sesiones de la Biblioteca Insular es importante que los niños acudan con sus padres y madres por varias razones: “Los niños tienen como modelo a sus progenitores y si éstos ven que sus padres acuden con ellos entenderán que asisten a una actividad importante. Si por el contrario los dejan en la biblioteca y se marchan a tomar café, percibirán que se están librando de ellos. Los niños pueden aprender a cómo son sus padres si los ven compartiendo, disfrutando y divirtiéndose con ellos. Lo gratificante es que sea una experiencia compartida en familia”, señala el narrador.

ESPACIO DE FANTASÍA

Por su parte, Fijol que tiene varios poemarios editados (Círculo de fuego y La playa), desea que con sus cuentos “los niños pierdan el típico repelús que tienen hacia los bichos e insectos, situándolos en un contexto fantástico como unos personaje más”.

Según la periodista, hoy en día es más necesario que nunca el cuento “porque la gente está ávida por recuperar la oralidad, que forma parte de ese sentido ancestral de la humanidad que es la comunicación. Esta sociedad ha extraviado el don de reunirse alrededor de la palabra”, explica. “Y existen pocos espacios en los que se pueda hacer realidad. Dos de ellos son el Festival de Narración Oral de Agüimes y la Biblioteca Insular, que lleva trabajando desde hace muchos años un programa regular con narradores”.

Sobre la actividad La hora del cuento, Montserrat Fijol señala que “es una manera de despertar la imaginación y la fantasía de los más pequeños con unos niveles de cercanía y participación que no se practica en las aulas.  Se incide en la ampliación de su vocabulario y la motivación hacia la lectura y los libros, contrarrestando el apego que las nuevas generaciones poseen sobre la tele y las nuevas tecnologías. Es un espacio de diálogo con el lenguaje y la fantasía que hace a los niños la vida más amable”.

Para la narradora, que los padres y madres estén presentes junto a los niños en esta propuesta lúdica de la Biblioteca Insular es importante porque “así forman parte de un proceso de crecimiento vital ante la curiosidad que los más pequeños saben apreciar. Ese acompañamiento les acerca a un mundo que para ellos puede llegar a ser todo un descubrimiento”, destaca.

RELLENADORES DE TIEMPO

Bruno acaba de concluir un profundo y extenso estudio cuya elaboración le llevó diez meses que aborda la historia y el presente de la tradición oral en España. “El estudio se inicia a mediados del siglo XIX con las primeras colecciones populares que ponen en valor el cuento tradicional hasta que aparece la figura del profesional en los años 30, con Elena Fortún, autora de los populares libros de Celia, como promotora de un movimiento que ya operaba en los países del norte de Europa. A Montserrat del Amo en los años 50 la siguen en los 70, al amparo de la renovación pedagógica en las aulas, otros narradores que llevan el cuento a las aulas y a las bibliotecas de manera regular. Ese lento proceso concluye en la etapa actual en la que una treintena de narradores se dedican profesionalmente a un oficio que se desarrolla fundamentalmente en aulas y bibliotecas, pero que pende de un hilo, ya que se trata de dos espacios que están siendo machacados por la crisis”.

Si bien a juicio de Pep Bruno los narradores han sido considerados “como rellenadores de tiempo en los tiempos libres en los que la gente salía a tomar el fresco, aportan mucho al ser humano activando su alma, fantasía e imaginación. Esta dimensión no la aporta el cine, por ejemplo, que ofrece imágenes cerradas que se prestan muy poco a ser reinterpretadas. Un cuento sin embargo pone en marcha en nuestras cabezas nuestro pequeño cine interior. Son como los yogures, que trabajan por dentro. Una casa o un prado siempre será distinto en la imaginación de cada sujeto. Esa riqueza es la que otorga valor al cuento diferenciándolo de otras manifestaciones”.

Le fascinan los cuentos largos y complejos, “aquellos que poseen una ingeniería y arquitectura por dentro. Son un reto para mí y una experiencia maravillosa para el público también”, señala. En sus cuentos hay referencias a todos los aspectos y temas de la vida. “Los cuentos con los que te llevas bien suelen ser cuentos que piensan como tú”, añade. No emplea jergas nuevas empleadas por la juventud en sus cuentos. Todo lo contrario. “Me interesa siempre lo más difícil, que es contar sólo con la palabra desnuda. Empleo un lenguaje culto para que los jóvenes puedan apropiarse de nuevas expresiones”, dice Pep Bruno. “Cuántas más palabras podamos manejar más grande será el mundo y más posibilidades tendremos de explicarlo. Es paradójico que el mundo de Cervantes fuera más grande que el mundo de las personas que habitamos el siglo XXI con todas las facilidades que nos proporciona la denominada edad de la información”.

LA HORA DEL CUENTO

Desde 1992 se realiza esta actividad con carácter permanente en la Biblioteca Insular. Dirigida a niños de 3 a 10 años principalmente, la propuesta recurre a la narración oral o lectura de un cuento, como género literario esencial para iniciar a los niños en el mágico mundo de la lectura y a partir del cual se desarrolla una actividad pedagógica encaminada a fomentarla y comprenderla. Se trata de una actividad que no precisa de cita previa para la asistencia y de una de las de mayor tradición y popularidad en las Bibliotecas Públicas españolas. En el desarrollo de la mayoría de las actividades infantiles y juveniles se hace uso del  cuento como género literario y como enlace de acercamiento a la cultura del libro y de las bibliotecas con el  propósito de  propiciar un encuentro con los cuentos como valor educativo, favorecer estrategias para incorporar el cuento en la práctica socioeducativa y desarrollar la creatividad o imaginación a partir del cuento.

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