MARÍA BUENADICHA: “CONTAR UN CUENTO ERÓTICO ES LO MÁS CERCANO A ESTAR DESNUDA FRENTE AL PÚBLICO”

09 may 2013

Al comenzar el recorrido de la iniciativa ‘Cuentos eróticos por los rincones de Vegueta’, la cuentista canaria María Buenadicha, junto con Begoña Perera y Zaida Rivero, contará en la Plaza de las Ranas en donde se encuentra la Biblioteca Insular, ‘El pez frío’,  un cuento japonés del siglo XI que encontró en ‘Afrodita’, un libro de Isabel Allende, en el que la autora  recopila cuentos, poemas, recetas de cocina, y saberes populares sobre el erotismo. Define ‘El pez frío’ como “un cuento poético, sensual y muy hermoso, que a la vez hace una crítica a cierto tipo de actitudes frente al erotismo y al amor”.

Parafraseando a Alberto Bevilacqua, en cuyo libro ‘El Eros’ habla del alma erótica, Buenadicha estima que un buen cuento erótico debe contener precisamente parte de la memoria genética a la que se refería el autor italiano. “Supongo que ese es el principal ingrediente que debe tener el cuento erótico, “el alma erótica”, eso que despierta en el ser humano sentimientos ya vividos por otros, y que perduran en el tiempo, que van desde la risa y la picardía hasta lo más sensitivo y puro de la poesía y del erotismo. Por otro lado, algo muy valioso en la literatura erótica, es que gran parte de ella tiene también un carácter revolucionario y transformador, porque trata también de romper tabúes y normas, que a veces la sociedad nos impone”, explica Buenadicha.

¿Se ha ruborizado en alguna ocasión al contar un cuento erótico o sentido como si estuviera desnuda ante el público?

Cualquier narrador se ruboriza cuando no logra empatizar con el público. El narrador de historias es muy vulnerable, se muestra sin artificios, sin decorados, muestra su persona, y a través de su voz, sale el cuento. A veces ocurre que el narrador por diferentes circunstancias, externas o personales, no termina de entregarse, no muestra su persona tal y como es y por ello, no conecta del todo con el que escucha. Cuando eso ocurre, me ruborizo, pero no tiene mucho que ver con que el cuento sea erótico o no. Tiene más que ver con hacer bien tu trabajo y con la vulnerabilidad del narrador. Aunque también es lo más cercano que he sentido a estar desnuda frente al público.
 
¿A qué atribuye más poder de seducción en un cuento erótico, a la imagen que se formula el escuchante en su mente o a la capacidad misma de la palabra para activar el imaginario?

Las palabras y la voz del narrador es lo que lleva al que escucha a activar su imaginación y a llenarla de imágenes, mientras que las palabras son las que dibujan estás imágenes, que a su vez despiertan sensaciones, pensamientos, recuerdos…
 
La fuente de inspiración de esos cuentos de dónde se extrae o en dónde se encuentra en su caso.

Cuando quiero preparar una sesión o un cuento sobre una temática en concreto, lo primero que hago es documentarme, leo distintos autores, busco en la historia de la literatura, en la mitología, en la cultura popular, y  también en mis propios recuerdos, en mi memoria. A veces un cuento te elige, porque toca algo en tu interior que hace que quieras contarlo, te entran unas ganas enormes de compartirlo, el cuento va creciendo según vas pensando en él y según lo vas narrando, te hace  preguntas, te pide adornos, cambios, y poco a poco se convierte en algo tuyo. Otros  cuentos se van creando solos en mi cabeza, nacen de pequeñas anécdotas  de mi vida que según voy contando van pareciéndose a cuentos. Mi memoria y mi imaginación se ocupan de organizar mis propias experiencias, lo que he vivido y lo que he escuchado. En base a esto se van construyendo también algunas de las historias que cuento.

Otras veces, cuando se trata de un cuento más poético o literario, te pide que transmitas esas mismas palabras que te han tocado el alma, y así lo hago, casi sin cambiarlas, tal como me llegaron la primera vez, estos cuentos son como una pieza musical, como poesía.

¿Cuál es a su juicio el valor de la palabra y la narración oral en el contexto de esta sociedad hipertecnificada?

La narración oral forma parte de la esencia humana, de su naturaleza más primaria y elemental. No me imagino al ser humano sin contar historias. Todos tenemos historias que contar. Al contar una historia, se comparte la respiración, la mirada, el gesto, la voz, la atención, la emoción y muchas otras cosas. Es un acto de comunicación y de transmisión humana esencial, que ha existido desde que existe el ser humano. Creo que mientras seamos humanos, contaremos historias...y si dejamos de contar historias, quizá sea porque ya no somos seres humanos, o  porque tenemos graves problemas en nuestra humanidad.
 
¿De qué nos salvarán las palabras?

La palabra es la base de nuestra comunicación, de nuestro pensamiento; si logramos una buena comunicación entre todos podremos conseguir vivir en paz y en armonía, (aunque a veces veo a los responsables políticos comunicándose, y sinceramente, me preocupo)…por eso también hay que tener cuidado con la palabra, ya que puede salvarnos, o llevarnos al desastre.

Y para terminar, María Buenadicha nos regala un cuento popular que muestra hasta donde es capaz de llevarnos la palabra.

Una vez, un hombre, encontró en una oscura cueva,  un montón de huesos junto a una calavera, el hombre asustado de encontrarse aquello, en un murmullo, casi sin voz, preguntó:

-Pero… ¿Qué te trajo hasta aquí?

Y la calavera contestó:

-La palabra.

Entonces el hombre salió corriendo asustado, en busca del rey de aquel país, y cuando dio con él, le contó lo que acababa de presenciar, el rey no le creyó, así que el hombre para demostrar que no mentía, se ofreció a llevar al rey hasta el lugar dónde estaba esa misma calavera capaz de hablar, para que pudiera verlo con sus propios ojos. El rey aceptó, pero amenazó con cortarle la cabeza si no era capaz de demostrarle que la calavera hablaba.

Fueron hasta la cueva y el hombre volvió a hacer la misma pregunta, pero esta vez, la calavera no le contestó, no medió palabra.

El rey cumplió su palabra y le cortó la cabeza.

Entonces la calavera preguntó a la cabeza recién cortada:

-Pero…¿Qué te trajo hasta aquí?

Y la cabeza del hombre contestó:

-La Palabra.

Compartir en Facebook Compartir en Twitter

Imágenes
Foto