LA BIBLIOTECA INSULAR PROPONE DOS NOCHES DE MIEDO CON SESIONES ORALES EN LAS QUE LA INTRIGA, EL HUMOR Y EL ESCALOFRÍO SE APODERARÁN DEL CENTRO

26 oct 2011

Hace cinco años que el miedo se apodera durante dos veces al año de las estancias de la Biblioteca Insular. La pronunciada y sobrecogedora dimensión del miedo está arraigada en la sociedad como un elemento secular que no dejado de habitar desde el principio de los tiempos en la mente de todos los seres humanos. La citada biblioteca que gestiona el Cabildo grancanario, convoca a la ciudadanía los próximos 28 y 29 de octubre, a partir de las 22.00 horas, a vivir una inquietante experiencia con los Cuentos de Miedo que contarán los narradores Pep Bruno y Charo Pita.

La experiencia persigue –coincidiendo con las fechas cercanas al Día de los Difuntos- ofertar a la ciudadanía (público adulto) una propuesta lúdica y cercana al libro, inspirada en el registro de la literatura fantástica y de terror, a través de la narración oral, una actividad que tiene en el mencionado centro que gestiona la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico y Cultural del Cabildo grancanario que preside Larry Álvarez, un notable predicamento y se manifiesta en otras ofertas como La hora del cuento, Cuentos eróticos por los rincones de Vegueta o su popular y veterano Maratón de Cuentos. En estos cinco años de celebración de Cuentos de Miedo, quince han sido los narradores que han aterrorizado con sus cuentos al público que abarrota el espacio en el que se desarrolla esta actividad.

Serán dos las sesiones escalofriantes que tendrán lugar en la Sala de Lectura General de la primera planta del edificio situado en la Plaza de las Ranas, en las que la palabra será la única protagonista. Por razones de capacidad de aforo, la Biblioteca Insular limita la asistencia al acto a cien personas por sesión.

BRUNO Y PITA, POR PRIMERA VEZ

Tanto Pep Bruno como Charo Pita es la primera vez que participan en la iniciativa Cuentos de Miedo. Bruno contará dos cuentos sin título de larga duración escritos por él mismo, que contienen apuntes de humor y pasajes autobiográficos rescatados de su infancia, aunque confiesa que el miedo no es propiamente un registro que le interese mucho y que aborde con frecuencia en los textos que firma. “El cine ha devorado la tradición oral inspirada en el miedo como género”, asegura el narrador. Ha leído miles de cuentos de miedo, pero ninguno le convencía. Por ello, los pocos que tiene en su repertorio, decidió escribirlos él. Asegura que “el miedo te salva la vida y ha sido empleado por la humanidad como un recurso para sobrevivir. El miedo se inculcaba al niño para advertirle de los peligros que le acechaban, como el de Caperucita Roja y el lobo que era todo un símbolo”. A Pep Bruno no le interesa que los niños estén clavados en la silla por miedo cuando les cuentas un cuento. “Me apetecería más que fuera porque les emociona lo que escuchan”, apostilla.

Tampoco tienen título los que contará Charo Pita. “Los cuentos los abordo en el momento y los afronto en función del tipo de público y ambiente que me encuentro en las sesiones”, señala. La narradora coruñesa, que siempre comenta que nació a la edad de seis años cuando terminó de leer su primer libro,  opina que “el miedo tiene mucho que ver con el ambiente de intriga que se cree entre el cuentista y los oyentes. Me interesa potenciar las expectativas alrededor de la suspensión de la realidad al límite”, avanza Pita. “Todos hemos pasado miedo, aunque los miedos son siempre diferentes. Los límites entre el miedo y la fobia son muy estrechos y el instinto de supervivencia es lo que lo mantiene siempre vivo como mecanismo de precaución”.

Charo Pita, que ha creado dos montajes en los que combina narración y música -Relatos del Decamerón y El Conde Lucanor- ha estado en varias ocasiones en la Biblioteca Insular. Autora del libro para adultos La sombra del cuento, la cuentista estima que la narración oral seduce a tanta gente porque en ella “se trabajan las emociones, lo cómico, lo irónico, la tristeza, la angustia, la ternura, la ingenuidad… un abanico muy grande de inquietudes vitales”, añade.

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