ENTREVISTA A LA NARRADORA SOLEDAD FELLOZA

18 may 2012

Tras su participación en el XII Maratón de Cuentos de la Biblioteca Insular, la narradora gallega Soledad Felloza nos avanza algunas reflexiones sobre el poder de las palabras y el oficio de narrador. Ante cualquier sesión de narración oral, la cuentista explica que siempre suele tener previsto “un arsenal de historias que van surgiendo en base a la “temperatura”  que muestra el público presente. Voy con una idea previa, pero luego según palpo el ambiente los rumbos pueden mudar”, aclara Felloza.

En buena medida compara una sesión de cuentos con una cena con invitados. “Adoro cocinar y según dicen soy muy buena en ello, y veo que los mejores platos son aquellos en los que me detuve a pensar o a intentar adivinar que le podía sorprender, halagar, emocionar o hacer feliz a mis invitados. Durante años de desplegar manteles he sentado a mi mesa gente con gustos dispares y hasta disparatados y lo que a uno hace enrojecer de voluptuosidad y dicha a otro le hace empalidecer de pena. Quien cuenta un cuento debe narrar los cinco sentidos de quien protagoniza la historia”.

¿Están modificando la tecnología y las nuevas herramientas el proceso cognitivo del ser humano en detrimento de las palabras? “Partimos de la base de que soy una persona hipertecnificada. Tengo uno de los blogs más antiguos de la blogosfera española. Uso todas las redes sociales, pruebo todos los cacharros que salen y alucino con las cosas que puedo hacer con ellos. Desde que controlo un poco de todo eso, mis palabras se han multiplicado, diversificado, enriquecido”.

La cuentista gallega lo tiene claro con respecto a las posibilidades de las nuevas tecnologías: “Nunca en toda la historia, la palabra tuvo la oportunidad de ser difundida como ahora. Estamos en tiempos donde las cosas aun están revueltas, pero quien aprende a navegar en estas aguas, encuentra verdaderas joyas y nichos para explorar y explotar su creatividad”, afirma.

“Hablo, escribo y leo de cosas y lugares a los que solo se llega con la tecnología; me pierdo en manuscritos originales digitalizados en rincones del mundo, me carteo con poetas, narradores, artistas, logro comprar libros descatalogados, escuchar trabajos de investigación grabados en los lugares más recónditos. Participo en proyectos de creación, me uno a colectivos que me interesan, me acerco a quienes quiero. Como toda herramienta, no hay que crucificarla por el mal uso que le den algunos, trabajo en muchas aldeas donde veo que escritores y cronistas locales logran publicar las increíbles historias de su zona, gracias a la red o  a la tecnología que permite imprimirte un libro a demanda”.

Quizás por ello su deseo es que “ojala las palabras no tuvieran que salvarnos de nada, aunque creo que su principal fortaleza es la lucha contra la desmemoria. Y quien tiene memoria, no está solo”, concluye.

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