ENTREVISTA A LA NARRADORA EUGENIA MANZANERA

18 may 2012
La narradora madrileña acaba de participar en el XII Maratón de Cuentos de la Biblioteca Insular. En esta entrevista desvela alguna de sus inquietudes como cuentista y sobre el valor de las palabras en la sociedad de la imagen.

Si le preguntamos a Manzanera por la importancia de la palabra y la narración oral en el contexto de esta sociedad hipertecnificada, responde con serenidad admitiendo “que hoy en día no se le da importancia a la grandeza del imaginario, al poder de los símbolos, a la palabra, no como medio de exposición sino de comunicación, de acercamiento entre seres”.

“Comprender lo que nos cuentan, empatizar con la historia, con los personajes, no afincarnos sólo en nuestra existencia, descubrir y formular preguntas, nadar en lo nombrado narrado es un placer que enciende nuestra imaginación”, señala la narradora, quien añade que "para conocerse hace falta imaginarse" y "para cambiar el mundo hace falta imaginarlo" y para ello hay que ejercitar nuestro imaginario estar dispuesto a ver las cosas desde diferentes lugares colores para aprender jugando”.

A juicio de Eugenia Manzanera “las palabras son alimentos que hay que combinarlos bien, cocinarlas con cariño con amor y respeto. Una buena alimentación nos salva de la desnutrición”, añade.

¿Nace o se hace el ‘cuentista’? ¿Qué capacidades debe tener una persona que desee contar historias? Según explica Manzanera “nacemos, crecemos, algunos se reproducen y todos nos morimos; nacemos con capacidades que hacen que algo se te de mejor que otras cosas, pero para bailar hay que tener el cuerpo preparado ¿no? bailaremos mejor, tendremos menos problemas musculares si nos preparamos y seremos más creativos, creceremos, haciendo crecer nuestro arte”.

“Normalmente el cuentista es una persona que habla mucho, pero que también tiene que escuchar mucho, si no sus palabras no estarían llenas. Un narrador tiene que cagar las palabras, rellenarlas de imágenes, de sensaciones para que cuando cuente sea como el que abre una puerta, una puerta a un mundo, un mundo inmenso... Alicia lo sabe bien. Un contador, narrador sabe que el silencio siempre tiene un color y que los gestos envuelven el cuento, que un cuento respira a través de su cuerpo y tiene que ser un buen conductor para que el viaje sea placentero”, concluye.
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