¿DE QUÉ NOS SALVAN LAS PALABRAS?

21 may 2012

El pasado día 18 de mayo, tuvo lugar al cobijo de los árboles de la Plaza de las Ranas, el Maratón de Cuentos que organiza desde hace doce ediciones la Biblioteca Insular del Cabildo grancanario. Numerosos cuentistas anónimos y profesionales se dieron cita sobre el escenario instalado en la ribera del Guiniguada para transmitir a grandes y pequeños la seductora capacidad de las palabras, con las que el hombre se comunica a modo de hábito milenario desde la oscuridad de los tiempos. ¿Limita las posibilidades y beneficios de la palabra el cada vez más creciente dominio de la sociedad audiovisual? ¿Para qué sirve en la era digital un cuento? Los narradores que participan en el evento, Soledad Felloza, Eugenia Manzanera, Pablo y Félix Albo, responden a estos interrogantes.

Se suceden las generaciones y el cuento como manifestación oral sigue resistiendo hablándonos de lo que puede ser, pero también de lo que pudo haber sido. No hay nada más subversivo que el cuento, que nos devuelve a la verdadera vida al exponer desde el imaginario y la utopía memorable lo que la vida real y la historia han sofocado. Sin la palabra la vida no tiene sentido, aunque, claro está, sólo parece que se pueda convencer de esto a los que escuchan.

A juicio de la narradora madrileña Eugenia Manzanera, el valor de la palabra y la narración oral en el contexto de la sociedad hipertecnificada debería por ello cobrar aún más sentido si cabe. “No se le da importancia a la grandeza del imaginario, al poder de los símbolos, a la palabra, no como medio de exposición sino de comunicación, de acercamiento entre seres. Comprender lo que nos cuentan, empatizar con la historia, con los personajes, no afincarnos sólo en nuestra existencia, descubrir y formular preguntas, nadar en lo nombrado narrado es un placer que enciende nuestra imaginación”, señala la cuentista que participa en el programa de esta presente edición del Maratón de Cuentos del Cabildo.

DESNUTRICIÓN VITAL

Como nos propone el historiador y teórico holandés de la cultura Johan Huizinga, "para conocerse hace falta imaginarse; para cambiar el mundo hace falta imaginarlo y para ello hay que ejercitar nuestro imaginario, estar dispuesto a ver las cosas desde diferentes lugares y colores, aprender jugando”, añade.

A la uruguaya Soledad Felloza también la hemos escuchado en la Plaza de las Ranas. Sobre ese supuesto acoso de las nuevas herramientas, la cuentista estima que “nunca en toda la historia la palabra tuvo la oportunidad de ser difundida como ahora. Estamos en tiempos donde las cosas aun están revueltas, pero quien aprenda a navegar en estas aguas, encontrará verdaderas joyas y nichos para explorar y explotar su creatividad”, dice. “Tengo uno de los blogs más antiguos de la blogosfera española y uso todas las redes sociales. Desde que controlo un poco de todo eso, mis palabras se han multiplicado, diversificado, enriquecido”, añade sin reservas.

Pero, ¿de qué nos salvarán las palabras? Según Manzanera “las palabras son alimento para nuestro espíritu y hay que combinarlas bien, cocinarlas con cariño con amor y respeto. Y una buena alimentación siempre nos salvará de la desnutrición”. No parece estar muy seguro de ello el narrador, actor y escritor alicantino Félix Albo, otro de los que han subido al escenario para contar sus historias.

“Las palabras nos salvarán o condenarán, dependerá siempre de la capacidad de seleccionar aquello que escuchamos y que decimos. Los cuentos creo que nos pueden desalienar y hacer perder el miedo como individuos”, explica Albo, para quien esta manifestación oral “siempre te conecta contigo mismo y con la persona de al lado, experimentando la convulsión emocional que produce su respiración. En definitiva, con él podemos disfrutar de algo que nos hace únicos...”.

ESCRITURA CONTRA HABLA

“Ojalá que las palabras no tuvieran que salvarnos de nada, pero creo que su principal fortaleza es la lucha contra la desmemoria. Y quien tiene memoria, no está solo”, puntualiza Felloza, que lleva 23 años contando cuentos.

Pablo Albo cuenta historias desde 1994. Es otro de los cuentistas que han participado en el maratón de la Biblioteca Insular. Apunta que “el narrador busca la cercanía y renuncia conscientemente a otros elementos para hacer de la palabra desnuda un espectáculo. La narración oral hunde sus raíces en la tradición de contar historias que se ha dado en todas las culturas desde el principio de los tiempos. Las palabras sugieren las imágenes y los relatos se suceden en la imaginación de cada persona que las escucha en un acto de creación permanente. El mismo cuento adquiere tantas versiones como personas lo escuchan” y ahí es donde a su juicio radica la riqueza y la multitud de sentidos que pueden adquirir las palabras.

Albo se pregunta por qué siempre se destaca la riqueza literaria de lo escrito y nunca la ventaja expresiva de lo hablado, ni su valor humano, ni su cercanía. “Un cuento contado no debe intentar llevar a quien lo escucha al libro, sino al mundo que recrea el cuento. Parémonos a pensar por un momento que la humanidad vivió muchos años sin escritura, pero realmente las personas empezaron a considerarse tales cuando la primera de ellas contó una historia. ¿Preferiríais leer el cuento publicado de un narrador a escucharlo de su boca?” Buena pregunta Pablo. 

Compartir en Facebook Compartir en Twitter

Imágenes
Foto